RELACIONES INTERPERSONALES VIVIENDO CON VIH

Si algo nos identifica a las personas con el resto de seres vivos es la necesidad y la tendencia a agruparnos. En particular, los humanos sublimamos ese acto de supervivencia a algo mayor, creando sociedades regidas por una cultura y unos patrones comportamentales. Aristóteles
fue uno de los filósofos que más investigó sobre el acto de asociamiento, afirmando que la primera institución que formamos las personas es la familia. No sólo formamos familias, también entablamos amistades, compañeros de trabajo y formamos negocios a pequeña o
gran escala. Necesitamos tener vínculos para sobrevivir, y más allá de esto, para tener calidad de vida e ir mejorándola. Por supuesto que las personas, si disponemos de los suficientes recursos personales a groso modo, somos autosuficientes, de hecho la propia palabra lo dice: suficiente. Esa suficiencia es relativa para cada uno de nosotros. Cierto es que hay pilares
básicos sobre los que las personas y agrupaciones se sostienen, como tener un techo, alimento y buena salud. Con ello sobrevives, pero, ¿a qué precio y de qué manera?

Esa es la cuestión. El ser humano es social por naturaleza y necesita estar en mayor o menor contacto con más personas (excepto en patologías determinadas o personalidades de carácter esquizoide). Es por ello por lo que se habla de recursos personales e interpersonales. Los primeros son de y para nosotros, los segundos son de nosotros, para nosotros, y para los que
nos rodean. Es en esta retroalimentación positiva donde reside la utilidad de las relaciones interpersonales: aportamos y nos aportan.

¿Y si algo dificulta mis relaciones con los demás?

No es sencillo, no es fácil. Tampoco imposible.

La discriminación y el estigma que sufren determinados colectivos (entendiéndose estos como un conjunto de personas que reúnen una serie de características en común y que usualmente llevan a cabo actividades con el fin de tener su espacio en la sociedad con unas condiciones dignas de vida) fomentan el odio y la invisibilidad hacia ellos. Estamos hablando de un sentimiento de rechazo que cala en lo más hondo de muchas de estas personas. Este rechazo reside en la ignorancia transmutada en xenofobia, racismo, LGTBIfobia, y serofobia entre muchas otras formas de odio y discriminación.

Hablemos sobre la última, que es lo que nos compete.

Podemos buscar la descripción del término que nos ofrece la OMS, la RAE o cualquier otra entidad con autoría y legitimidad científica y social, pero os voy a exponer la siguiente, ya que es muy completa:

“Se denomina Serofobia al estigma y discriminación, basado en un miedo irracional, hacia las personas con VIH, negando cualquier tipo de acercamiento a las personas que padecen esta enfermedad. Este miedo no tiene ninguna justificación científica en base al riesgo de transmisión del VIH a terceros.” (ONG Imaginamas, 2014)

Durante los últimos años se ha avanzado mucho con respecto al estigma de la transmisión. Que quede claro, INDETECTABLE=INTRANSMISIBLE, pero aún así, sigue habiendo rechazo. ¿A qué se debe? Algunos afirman que es por ignorancia, otros por miedo, por odio, y un servidor piensa que es por un conglomerado de variables, como el género, la cultura y la educación
sexual. “Existe una clara diferenciación de género en el discurso explícito sobre el sexo en general y sobre las Infecciones de Transmisión Sexual (ITS) en particular. Se dan diferencias significativas de percepción y conocimientos entre el mundo rural y urbano. Persisten gran cantidad de prejuicios, estereotipos y fobia al contagio. Interpretación y conclusiones: el
machismo influye en las relaciones sexuales en cuanto a la utilización de métodos de protección. La cultura tradicional dificulta hablar abiertamente de la sexualidad en las familias y entre iguales. Las prácticas de riesgo no se producen tanto por falta de información como sí por la escasa concienciación entre los jóvenes.
” (Pérez-Pérez, I., Morón-Marchena, J.A. y
Cobos-Sanchiz, D., 2015).

Este rechazo no se queda en “petit comité” sino que nos lo encontramos en facetas de nuestra vida de vital importancia, como nuestros trabajos o nuestros estudios, donde además tenemos que socializar con muchas personas, pudiendo haber problemas y dificultades por parte de la
persona que nos discrimina. A día de hoy el marco jurídico sobre el VIH da protección y solución ante las posibles injusticias que puedan ocurrir, pero la parte personal queda expuesta, y corre de parte de la propia persona el saber cómo recibir esa información de rechazo y cómo reaccionar ante ella.

Sea como sea, el objetivo principal del artículo no es averiguar a qué se debe este rechazo, sino saber cómo lidiar con él. Así que aquí puedes leer unos tips que nos sirven en momentos de rechazo y exclusión:

  1. No es tu culpa. ¡QUE QUEDE BIEN CLARO! No depende de ti, no está en tu mano controlar algo externo y ajeno a ti como una posible vida llena de prejuicios e intolerancia de la persona que rechaza. A veces ese rechazo es adrede, otras no. Y en ambos casos no es algo que dependa de ti.
  2. Está bien educar y compartir, pero no somos ningún diccionario. El rechazo y el estigma tienen muchas caras y no siempre predomina la violencia gratuita. ¿Cuántas veces hemos sufrido las personas cualquier tipo de prejuicio por estereotipo? ¿Alguna vez te han encasillado en algún lugar o círculo social determinado por cierta característica personal? ¿Se han imaginado como fue el momento donde la persona seropositiva contrajo el VIH? Todo esto, desde la inocencia y las presuposiciones. Si te encuentras [email protected], o simplemente no te apetece invertir tu energía en dar explicaciones, no las des.
  3. Promover la Asertividad. Si alguien cree que la asertividad es una habilidad de persona exitosa que todo lo logra con esfuerzo, sudor, lágrimas y postureo en Instagram, que deje de leer. Esto no es una americanada, es la vida misma. La asertividad consiste en la capacidad de dar nuestro 200% en la mayor de las veces posibles, con una actitud proactiva y prosocial. De hecho, ¿sabías que no ser sertivo e alguna ocasión forma parte de ser asertivo? Pues lo dicho, experimentar y experienciar con motivación, no con la obligación de ser siempre perfectos.
  4. Fomentar la Resiliencia. La resiliencia es la capacidad de la persona de resistir los acontecimientos traumáticos y/o que conllevan una mala experiencia, negativa y dolorosa, para la persona. “Lo que no te mata te hace más fuerte” resume muy bien esta capacidad.
  5. Autoreforzarnos en vez de autocompadecernos. Es comprensible que a veces sintamos pena de nosotros, ¡es injusto este rechazo! ¿y sabéis qué? Que ellos se lo pierden. Es hora de que la palmadita en la espalda nos la demos a nosotros mismo y tengamos la capacidad de gestionar nuestras emociones para seguir avanzando y evolucionando.
  6. Potenciar nuestras Habilidades Sociales e Inteligencia Emocional. Cuando socializamos con otras personas debemos entender que también tienen sus circunstancias y que no están al margen de sentir emociones igual que nosotros. Cuantas más herramientas socioemotivas tengamos (técnicas de presentación en grupos, saber pedir perdón sin rebajarnos, pedir sin sentirnos egoístas, etc), mejor será nuestra experiencia a la hora de tratar en este tipo de situaciones, de manera que ninguna de las partes salga mal parada o en evidencia, ganando ambos (si quieres, claro)
  7. Empoderarnos. Sentir que podemos. Generar ese sentimiento de logro y desarrollar la capacidad de autodeterminación de una manera más colectiva. Fomentar ese sentimiento de pertenencia a un grupo de personas que son rechazadas por el mismo motivo, cada cual con su vivencia individual respecto a la característica estigmatizada. Compartir experiencias, apoyarse los unos en los otros y querer evolucionar.

Bibliografia
Pérez-Pérez, I., Morón-Marchena, J.A. y Cobos-Sanchiz, D.(2015), Comportamientos y prejuicios de los jóvenes con relación al VIH/Sida: un estudio cualitativo con jóvenes universitarios nicaragüenses, Población y Salud en Mesoamérica Volumen 13, número 1, artículo 4, julio-diciembre

Remor, E. (2002) Apoyo social y calidad de vida en la infección por el VIH, Aten Primaria 2002. julio-agosto. 30 (3): 143-149

Solano Acuña, A.S. (2006), Entre carne y palabra: la sexualidad juvenil y el riesgo de infección por VIH/Sida, Cuaderno de antropología Nº16, 81-96

www.imaginamas.com

Por José Alberto Medina Martín, creador de ©SexEsteem Psicólogo, sexólogo, terapeuta sexual y de pareja Especializado en autoestima y psicología positiva

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